Los ilustrados tienen un pensamiento optimista y confiaban en la educación como herramienta de transformación de las cosas.
Una de las características es su perfil utilitario. Al ser la educación la fuente de la felicidad y sustanciarse ésta en el progreso, bienestar y dominio material de la naturaleza se deduce que la instrucción o educación se habría de caracterizar sobremanera por su dimensión funcional. Las emergentes sociedades económicas, las academias, las nuevas instituciones científicas y el sentir de los nuevos tiempos apuntaban a la necesidad de un nuevo saber que debía venir presidido por un sentido práctico y utilitario.
La educación que proponían tenía un carácter nacional, universal, obligatorio, uniforme y cívico. Un deber irrenunciable del nuevo orden que incumbía dirigir a la sociedad misma y más en concreto a su símbolo más representativo: el Estado.