viernes, 13 de marzo de 2015

ACONTECIMIENTOS HISTÓRICOS PEDAGÓGICOS DEL SIGLO XIX


LA REFORMA UNIVERSITARIA
Los jesuitas eran, para el grupo innovador que había llegado al Poder, los principales enemigos de las reformas que pretendían realizar. La enemistad con los jesuitas de todos los que intervinieron en la reforma universitaria es indudable.
Ya en 1770, el catedrático de Salamanca Pérez Bayer daría más motivos para justificar la oposición a la Compañía. Entre ellos se encuentra:
- La animadversión a la moral que enseñaban.
- Las acusaciones hacen referencia a su organización y su fuerza como ente eclesiástico y peligro.
 - La superioridad sobre las otras comunidades.
- El constituir un clan entre ellos con un feroz partidismo.
- La consideración de que el fin justificaba los medios por lo que autorizaban la mentira, las intrigas ocultas, los chanchullos.
Los comienzos de la reforma universitaria tenían que ir necesariamente ligados a la expulsión de la Compañía, pues habían llegado a monopolizar las enseñanzas de Latinidad y Gramáticas y Facultades de Artes en todo el país.
Las medidas complementarias de la expulsión que se aplicaron iban dirigidas fundamentalmente a extirpar del país todo posible rastro que pudiera quedar de la Compañía. Así se decretó la supresión de las cátedras de la llamada escuela jesuítica, de las Facultades de Teología.
Se impuso la prestación de un juramento a los profesores por el que se comprometían a extirpar la doctrina que habían desarrollado los autores jesuitas, llamada del "tiranicidio y regicidio.
Fueron considerados los culpables de la mala situación en que se encontraban los establecimientos de enseñanza del país.

LA PESQUISA SECRETA
A finales de abril, Aranda abría la famosa investigación para localizar a los responsables del motín de Esquilache. El motín trajo como  consecuencia muy expresiva del ánimo del siglo: la expulsión de los jesuitas.
 El Consejo Extraordinario puso al como culpable al padre jesuita Isidoro López, procurador general de la provincia de Castilla Según los investigadores, el padre López había sido el inspirador del motín.
El Consejo Extraordinario llegó a la conclusión de que los culpables principales del motín habían sido los jesuitas.
Acabar con los jesuitas significaba hacer triunfar la causa del regalismo y, cosa importante, cambiar de manos las riendas de la educación, de las universidades y colegios, donde los jesuitas habían logrado imponer un férreo monopolio.
LA EXPULSIÓN DE LOS JESUITAS
La medida, que ha sido objeto de múltiples polémicas, no era novedosa: en 1759, los jesuitas habían sido expulsados de Portugal y en 1764 de Francia. En conjunto, pues, queda claro que en el siglo XVIII la Compañía se había ganado una general antipatía. Los gobiernos europeos, a la vista del fabuloso poder por ella acumulado, la veían detrás dispares maniobras políticas.
Era considerada en extremo reaccionaria y funesta para los principios ilustrados. Las rivalidades eran especialmente fuertes en el terreno de la educación, en el que los jesuitas ejercían un envidiable monopolio.

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