LA REFORMA UNIVERSITARIA
Los jesuitas eran, para el grupo innovador que había llegado
al Poder, los principales enemigos de las reformas que pretendían realizar. La
enemistad con los jesuitas de todos los que intervinieron en la reforma
universitaria es indudable.
Ya en 1770, el catedrático de Salamanca Pérez Bayer daría
más motivos para justificar la oposición a la Compañía. Entre ellos se
encuentra:
- La animadversión a la moral que enseñaban.
- Las acusaciones hacen referencia a su organización y su
fuerza como ente eclesiástico y peligro.
- La superioridad
sobre las otras comunidades.
- El constituir un clan entre ellos con un feroz partidismo.
- La consideración de que el fin justificaba los medios por
lo que autorizaban la mentira, las intrigas ocultas, los chanchullos.
Los comienzos de la reforma universitaria tenían que ir
necesariamente ligados a la expulsión de la Compañía, pues habían llegado a
monopolizar las enseñanzas de Latinidad y Gramáticas y Facultades de Artes en
todo el país.
Las medidas complementarias de la expulsión que se aplicaron
iban dirigidas fundamentalmente a extirpar del país todo posible rastro que
pudiera quedar de la Compañía. Así se decretó la supresión de las cátedras de
la llamada escuela jesuítica, de las Facultades de Teología.
Se impuso la prestación de un juramento a los profesores por
el que se comprometían a extirpar la doctrina que habían desarrollado los
autores jesuitas, llamada del "tiranicidio y regicidio.
Fueron considerados los culpables de la mala situación en
que se encontraban los establecimientos de enseñanza del país.
LA PESQUISA SECRETA
A finales de abril, Aranda abría la famosa investigación
para localizar a los responsables del motín de Esquilache. El motín trajo
como consecuencia muy expresiva del
ánimo del siglo: la expulsión de los jesuitas.
El Consejo
Extraordinario puso al como culpable al padre jesuita Isidoro López, procurador
general de la provincia de Castilla Según los investigadores, el padre López
había sido el inspirador del motín.
El Consejo Extraordinario llegó a la conclusión de que los
culpables principales del motín habían sido los jesuitas.
Acabar con los jesuitas significaba hacer triunfar la causa
del regalismo y, cosa importante, cambiar de manos las riendas de la educación,
de las universidades y colegios, donde los jesuitas habían logrado imponer un
férreo monopolio.
LA EXPULSIÓN DE LOS JESUITAS
La medida, que ha sido objeto de múltiples polémicas, no era
novedosa: en 1759, los jesuitas habían sido expulsados de Portugal y en 1764 de
Francia. En conjunto, pues, queda claro que en el siglo XVIII la Compañía se
había ganado una general antipatía. Los gobiernos europeos, a la vista del
fabuloso poder por ella acumulado, la veían detrás dispares maniobras
políticas.
Era considerada en extremo reaccionaria y funesta para los
principios ilustrados. Las rivalidades eran especialmente fuertes en el terreno
de la educación, en el que los jesuitas ejercían un envidiable monopolio.
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